Los terrarios, como cualquier ecosistema, siguen su propio ciclo natural y pueden mantenerse indefinidamente si las condiciones son las adecuadas.
En un terrario cerrado, el agua se recicla constantemente a través de la transpiración de las plantas. El oxígeno que expulsan se condensa en las paredes del cristal y, con los cambios de temperatura, vuelve a la tierra, donde es absorbido nuevamente por las raíces de las plantas.
Además, los colémbolos—pequeños insectos descomponedores—se encargan de transformar la materia orgánica en nutrientes, manteniendo el equilibrio del ecosistema. Siempre que el terrario reciba el cuidado adecuado y no sufra alteraciones externas, puede vivir de forma indefinida.

